martes, 5 de agosto de 2014

El default está en default.



Con el cuarto cobro “por única vez” de bonistas, autorizado por el juez Thomas Griesa, ayer, sumado a los datos duros de la timba financiera: Dólar ilegal sin grandes saltos; bolsa con días estables; y bonos argentinos que no sólo no pierden valor sino que además no son parte de grandes transacciones de descarte, lo que los buitres y sus aliados locales han denominado “default selectivo” no parece mover el amperímetro.
Máxime, si a estos datos de la timba les sumamos los de la economía real que del 31 – jornada de inicio del no default- a la fecha, no han tenido ninguna variación negativa: La cotización del dólar es estable;  ha crecido el nivel de reservas; se ha saldado la primer cuota del acuerdo con el Club de Paris; y no hay explosión alguna en el horizonte económico.
El agotamiento del discurso incendiario del miedo que publicitan en cadena nacional los medios opositores y al que se suman la gran mayoría de los opositores con cargos institucionales, avanza al mismo paso que el juez neoyorquino continúa dejando cobrar a los bonistas  por segmentos, de forma tan irracional y selectiva como lo fue la interpretación de la Pari Passu que adujo para impedirles cobrar.
Tan irracional es su accionar, que resulta que el único grupo que aún no han podido cobrar, es el minoritario de bonistas cuyos papeles responden a la jurisdicción estadounidense – es decir, Griesa en este momento a los únicos que continúa perjudicando es a quienes tienen bonos bajo ley de EEUU, que son, mayoritariamente, ciudadanos de ese país y de Nueva York-.
Así las cosas, lo que se aclara aún más con el paso de los días, es que la jugada de los Buitres era lograr inventar algo que pudieran denominar default a fin de cobrar los seguros de la timba financiera, además de lo que puedan sacarle a nuestro país; cobrar dos veces por lo mismo como quién dice, entiéndase, una estafa monumental a las aseguradoras que no nos afecta en lo más mínimo.
Argentina tomo el camino que había que tomar, el del mal menor que, pese a todo, podría afectar negativamente a futuro en materia de inversiones externas; esas que el autodenominado mundo libre jamás nos proveyó.
Ahora, volviendo a la ficción del apocalipsis anunciado por la oposición, lo cierto es que este denominado default, les está pagando demasiado poco.

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