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viernes, 3 de septiembre de 2010

Defendiendo el pedestal.

Fernando Laborda en su excesivamente inconsistente artículo de la fecha, intenta una vez mas mostrar una imagen falsa del escenario político y la realidad.
Partiendo de esa ya clásica premisa vacía y naturalizada convenientemente por el periodismo corporativo, esa que con la frase: los problemas que le importan a la sociedad, intenta imponer a toda la sociedad inquietudes, cuando no intereses sectoriales, este defensor de los multimedios hegemónicos da paso a la distorsión enumerada de fundamentales políticas en torno a la pluralidad de voces y el acceso a la información que viene desarrollando el Gobierno Popular.
Obsesionado, ensañado, atragantado con las políticas que derriban el pedestal de poder al cual dictadura y apropiación mediante se subieron esos multimedios, el sirviente de Bartolomé Mitre busca deslegitimar el proceso democratizador de la comunicación.
Así, al referirse a la caducidad de la licencia de Fibertel para dar servicio de Internet producto de la autodisolución de la empresa, miente descaradamente cuando asevera supuestos descontentos que no se verifican en la realidad cuando uno se pregunta ¿Dónde están las multitudinarias marchas de usuarios de Fibertel defendiendo a la empresa?, y ¿Cuántos empresarios decidieron retirar sus empresas del país por la supuesta inseguridad jurídica?
Pero no conforme con ello las falacias continúan cuando intenta manipular la historia de la apropiación de Papel Prensa por parte de Clarín y La Nación, que lejos de ser desmentida, fue ratificada por Lidia Papaleo de Graiver así como por Rafael Ianover.
Luego prosigue haciendo uso de los argumentos fascistas de la corporación de medios dominantes en Estados Unidos que utilizan la demonizada figura del presidente más ratificado en las urnas a lo largo de la historia mundial, Hugo Chávez, para desacreditar a Néstor y Cristina.
Y de yapa, sobre la última frustrada sesión en diputados, una más, acusa a los legisladores Compañeros que defienden el Proyecto Nacional y Popular de no dar quórum, cuando es de público y notorio que la oposición siendo mayoría en la cámara, debe encargarse de solventarse su propio quórum máxime para tratar proyectos que le son propios.
Es verdaderamente insólito e irracional el planteo en este punto.
Para finalizar su texto de barricada, el periodista corporativo intenta esbozar un par de frases hechas antes de verse obligado a reconocer el gran ascenso del oficialismo en las encuestas, y con ello retar a la oposición por hacer mal los deberes.
Seguramente en la cabeza del mentiroso Laborda, la confección de esta nota habrá tenido tanto el sentido de afirmar todas las falsedades necesarias para atacar al Gobierno Popular, como hacerle un tirón de orejas a los empleados en el poder legislativo que posee la corporación mediática en creciente decadencia.

Compañero Ikal Samoa

martes, 6 de julio de 2010

El discurso de la antipolítica.

La nota titulada “Funcionarios adictos al lujo” escrita por Fernando Laborda y publicada por La Nación hoy, es un típico canto a la destrucción de la discusión política con el obvio objetivo de manchar la figura del Ministro de Planificación Federal Julio De Vido.
En la misma este fiel vocero del poder concentrado de la economía, le adjudica al Ministro de Planificación Federal dos viajes con altos costos, o casualidad, a Venezuela y Bolivia.
Claro es que las cifras vertidas por este lacayo de los multimedios no tienen sustento real alguno, y no casualmente en la nota se observa que no se cita fuente alguna, ni fundamentación que permita argumentar tamaños dichos.
La impunidad de la palabra escudada tras el slogan “libertad de prensa” es de gran utilidad para realizar este tipo de notas de opinión que buscan generar una verosimilitud pero no tienen sustento alguno en hechos reales, en pruebas fácticas que evidencien las acusaciones.
Pero seguramente el mayor daño que este tipo de opiniones sin fundamento hacen al debate político, no pasa por el ensuciar a un funcionario del Gobierno popular.
El daño profundo pasa por la constante imposición que los grandes medios hacen a partir de notas como esta consistente en centrar la realidad política en supuestos hechos de corrupción, y de esta forma negar la discusión sobre el proyecto político.
Correr el eje del debate político con la idea facilista y ampliamente conocida que esconde este artículo, esa que iguala la política a la corrupción, busca defender la cosmovisión neoliberal que hoy vemos resquebrajarse, y que tiene como un fundamento central la consolidación de la antipolítica como discurso social.
Justamente el discurso de la antipolítica es aquel que no profundiza una visión crítica sobre el statu quo actual, el que no pretende echar luz a las desigualdades económicas y sociales, el que con su negación de la política como una herramienta de transformación, niega la posibilidad de redistribuir la riqueza de forma mas igualitaria.
Laborda, como tantos otros siervos de la oligarquía, las multinacionales y los grandes medios, defiende los intereses de estos y utiliza el slogan de la “libertad de prensa” para imponer este nefasto discurso de la antipolítica.









Compañero Ikal Samoa
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