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miércoles, 10 de junio de 2015

Otro paro de Transporte.



Una fórmula repetida: Paro de transporte + piquetes, fue la que hizo de la jornada de ayer un día en el que la actividad laboral se vio menguada.
El reclamo por el que la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) había, hace un par de meses, anunciado el paro, fue la suba del mínimo no imponible de Ganancias; tema abordado hace menos tiempo y desde otra perspectiva por el Gobierno, que redujo oportunamente los porcentajes que pagan las categorías bajas.
A pesar de ello, la medida de fuerza nunca peligró en cuanto a un desarrollo, pues los referentes de los gremios que pretenden representar a los trabajadores que más ganan en el país tenían decidido que el 9 de junio era una fecha inamovible en pos de su principal objetivo: Advertir cuando no, buscar condicionar, a quién asuma el 10 de diciembre al frente del Ejecutivo Nacional.
Y lo denomino principal, porque la fórmula repetida ayer también es una apuesta que se reitera: La búsqueda por golpear al Gobierno Nacional y generar un clima social adverso en el año electoral que corre.
Resulta impensado, cabe agregar, que los garantes para impedir que se trabaje y se genere valor económico hayan podido contemplar la viabilidad de la jornada como medida de presión al actual Gobierno, que sobradas muestras ha dado sobre cómo nunca se deja correr por nadie.
El de ayer, fue otro día con momentos anunciados: La iniciativa de la CATT a la que se subieron Luis Barrionuevo; Hugo Moyano en tanto CGT opositora; y Pablo Micheli, tuvo su conferencia de prensa conjunta en la sede de la CGT que conduce el líder de Camioneros, en donde se definió como un éxito al paro y se ninguneó la inestimable colaboración de la izquierda.
Esa misma que, como furgón de cola colaboracionista de todo hecho que contribuya a derrocar al Gobierno, tuvo su momento clave con los piquetes que sitiaron la CABA impidiendo a cualquiera que intentara movilizarse para ir a trabajar.
Todo esto, como antesala del clásico desfile de dirigentes sindicales y partidarios opositores, en los programas nocturnos de una televisión privada urgida por difundir el relato de la supuesta masividad que legitimaría todo lo acontecido; el momento culmine si se quiere.
Lo cierto es que la legitimidad de la jornada de protesta reside exclusivamente en quienes garantizaron que no haya transporte y quienes llevaron adelante los piquetes; ambas cosas, desencadenantes del éxito en lograr que ayer, una enorme mayoría de los trabajadores del área metropolitana no pudieran elegir si querían o no trabajar.
Si bien esta legitimidad escueta no afecta en lo más mínimo la legalidad del paro, contemplada en el derecho a huelga, si evidencia que la masividad de la medida es inexistente, pues a la enorme diferencia entre no querer y no poder trabajar, se suma lo minúsculo en cantidad de afiliados, de los gremios que pararon, comparado con los que no adhirieron.
Dicho esto, es importante recalcar que como en las últimas oportunidades, el peso de la CATT – fundamentalmente ahora que la UTA se define como netamente opositora- a la hora de llevar adelante medidas contra el gobierno, se hace sentir en el poder de decisión respecto de cuando y como se toman, y que ello lejos de ser casual, es una consecuencia lógica de la influencia normal que el transporte tiene en la vida laboral de un país.
Es la CATT, la que continúa avanzando al tiempo que desplaza al eje Barrionuevo- Moyano del centro de la escena en la discusión política sindical opositora, y en ello, se aprecia una inteligente jugada del Camionero, que viene logrando acuerdos tácticos con los otros referentes sindicales de las distintas ramas del Transporte.

jueves, 28 de agosto de 2014

No dieron el piné.



Ha pasado medio día del paro denominado “Nacional”, que llevan adelante los gremios opositores con la inestimable colaboración de los partidos de izquierda – claves para clausurar los accesos a la CABA vía piquetes en las primeras horas de la mañana- y de los medios opositores – garantes de la publicidad de la medida desde su mismísimo anuncio-, y el primer saldo que se presenta es negativo hacia sus aspiraciones.
Negativo porque a diferencia del paro próximo pasado, donde el transporte cesó sus actividades totalmente logrando así que no se trabaje en la CABA y el Gran Buenos Aires, en la jornada de hoy no ocurre lo mismo tras la no adhesión de la UTA; algo que se traduce en que funcionan los colectivos y los subterráneos, con excepción de la Línea B que manejan los partidos de izquierda.
Entonces, pese a que los piquetes y el paro de los maquinistas de trenes nucleados en La Fraternidad, consiguió impedir el acceso de una parte de los trabajadores a sus ámbitos laborales, la actividad se viene desarrollando con cierta normalidad en gran parte de las ramas de actividades.
En este sentido, no fueron suficientes los amedrentamientos verbales que en las horas previas realizaron los dirigentes sindicales – en especial hacia los choferes de colectivos-, ni tampoco la campaña de miedo que intentaron instalar los medios opositores que hicieron una fuerte apuesta a una jornada en la que de mínima, pretendían poder mostrar un país paralizado.
Muy por el contrario, si bien se ve menguado el movimiento, más en el área metropolitana que en el resto del país y fundamentalmente por el cese en la actividad bancaria, lo cierto es que hay actividad, y la misma incluye a bares; restaurantes; y  camiones y camionetas de carga y descarga – Barrionuevo y Moyano no estarían pudiendo lograr la legitimidad deseada siquiera para lograr que paren todo sus afiliados-.
Evidentemente, la legitimidad de la medida de fuerza no ha sido la suficiente, y el sueño expresado ayer por los referentes gremiales opositores y los jefes de los partidos de izquierda, sobre una supuesta masiva adhesión aun cuando estuviesen los colectivos circulando, ha quedado sólo en eso.

martes, 8 de julio de 2014

Así No.



Hoy temprano en la mañana, trabajadores de la autopartista Lear acompañados por varios partidos de izquierda, realizaron un piquete en la autopista Panamericana reclamando por la reincorporación de 100 operarios despedidos y 200 suspensiones.
Dejando de lado la incesante búsqueda que la denominada izquierda realiza en pos de que el Gobierno nacional reprima, con un conocido modus operandi que va desde provocaciones hasta ataques a las fuerzas de seguridad en manifestaciones varias, y más allá de la veracidad del reclamo, lo cierto es que el piquete terminó en un enfrentamiento con la gendarmería.
Enfrentamiento que obviamente concluyo con represión y al menos 10 manifestantes heridos, como paso previo al desalojo total de la autopista.
Este Gobierno ha tenido durante más de 10 años, la no represión a la protesta social como una de sus banderas, y este hecho, indudablemente, va a contramano de ello.
Va a contramano porque la represión se produce en un operativo encabezado por el propio Secretario de Seguridad, Sergio Berni, y porque a diferencia de tantas otras veces, se decide actuar asumiendo riesgos innecesarios, en vez de notificar al Poder Judicial y que el mismo se ocupe alguna vez de situaciones como esta.
La decisión de actuar, como era previsible, termina con los incidentes; los gases; los palos; y las balas de goma, porque no hay medias tintas a la hora de abordar una situación como es el piquete.
Es un gran verso, aquello de que se puede desalojar sin reprimir, cuando resulta evidente que ante una situación de contravención como un piquete, y la negativa de levantarlo, la única forma, si se decide actuar, es usar la fuerza a sabiendas de sus más que probables consecuencias.
Entonces, y volviendo a la senda de la no represión de la protesta social, la solución ante el conflicto que plantean manifestaciones que afectan otros derechos como el de la libre circulación, pasa por escuchar los reclamos y acercar a las partes en primera instancia, y posteriormente solicitar la intervención del Poder Judicial y que este en todo caso defina los pasos a seguir en materia penal.
No se resuelve nada cuando la respuesta a un reclamo son los palazos, aun cuando el reclamo venga acompañado de ataques a piedrazos a las fuerzas de seguridad como ha ocurrido en varias ocasiones.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Patética puesta en escena de la izquierda jurásica.



En el día de ayer hubo masivas manifestaciones en distintas partes del país en rechazo al saldo del proceso judicial por la desaparición de Marita Verón, y también, mostrando una altísima disconformidad en general con el obrar de los poderes judiciales nacional; provinciales; y de la CABA.
Todas ellas, manifestaciones que comprenden el momento histórico del país en cuanto a la necesidad de protestar pacíficamente; cuidándose y cuidando al otro.
Todas excepto una, la movilización de la izquierda jurásica a la Casa de Tucumán en la CABA, en la cual, distintos partidos de esa izquierda que necesita constantemente ajustar la realidad al manual, definieron pudrirla destruyendo este local, patrimonio público, y lo más grave, atacando e hiriendo a empleados y policías que se encontraban dentro a fin de cuidar las instalaciones.
Una veintena de heridos debieron sufrir el embate de este minúsculo sector con casi nula legitimidad social, quien arrogándose la potestad para actuar en nombre de la justicia, realizó el ataque desde una perspectiva tan disparatada cómo falsa.
Según su pensamiento, el ajuste de realidad para que cuadre en los manuales dogmáticos señala que el gobierno es el responsable de todo lo que ocurre en la esfera estatal, sin mediaciones ni análisis que contemplen por ejemplo la división de poderes o como juega el poder económico; los policías son asesinos siempre y por ende merecen ser agredidos; y existe una cadena de mando lineal que baja desde el gobierno norteamericano a los gobiernos municipales que incluye, obviamente, a todos poderes del Estado.
Este tipo de análisis disparatados son los que los llevan a la conclusión según la cual, cualquier acción directa contra el Estado, sea nacional o provincial, es parte de la lucha “revolucionaria”, y en tanto así sea, es válida sin medir consecuencia alguna.
Una lógica que escapa totalmente a cualquier atisbo de realidad para sumergirse en una suerte de mundo fantástico donde, en tanto acción directa, destruir la Casa de Tucumán en la ciudad y herir a quienes allí trabajan y a los policías que allí se encontraban, sería un paso más en la lucha revolucionaria.
Lo cierto, es que este tipo de accionar tan patético como irracional, yendo más allá de la gravedad por el saldo de lo ocurrido, en la sociedad genera un profundo rechazo, y por ende, suele ser utilizado por los sectores corporativos para bastardear a la política.
Este tipo de acciones aportan a la despolitización social, y le dan a los escribas de la antipolítica letra para hacerse un festín.
Todo ello, al margen del apoyo brindado ayer por Susana Trimarco, la persona con más legitimidad para expresarse tras el lamentable fallo en Tucumán, a la otra movilización realizada en la CABA que fue frente a Tribunales.
Las puestas en escena en las que pretenden vestirse de revolución, realizadas por esta izquierda jurásica, siempre arrojan saldos que colaboran con la cultura neoliberal del descreimiento; el individualismo y la fragmentación social.
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