Mauricio Macri suele traspasar los límites de lo ridículo
con frecuencia, y lo que dio a conocer ayer, es sólo una muestra más de ello.
Es que, el candidato a presidente que pretende ser el
gerente del Poder Económico a cargo del Ejecutivo a partir del 10 de diciembre,
confesó que definió, aconsejado por su gurú electoralista, Jaime Durán Barba, incorporar
a una bruja a su staff de campaña.
“Un colaborador me propuso por qué no incorporaba una
armonizadora budista y la verdad que me hizo mucho bien, me ayudó a conocerme a
mí mismo más, a liberar energías”, confesó en declaraciones radiales el jefe
del pro, en relación a sus encuentros con Shirley Barahona, “vidente”
ecuatoriana, quien es la flamante encargada de “eliminar malas energías y
trabajos de brujería” que le estarían haciendo a él y sus laderos.
Pero probablemente, lo más ridículo de la situación sea la
argumentación de un Macri, que tras el casi naufragio pro en la segunda vuelta
electoral de la CABA el domingo pasado, viene dando demasiadas señales de
desesperación.
El aun Intendente porteño explicó: “La grieta me tomó a mí
como uno de los principales victimarios de esa agresión y entonces un
colaborador me propuso la incorporación de la armonizadora budista”.
Alguien debería aconsejarle, primero a tratar de prestar atención cuando habla para evitar furcios, y segundo a no aclarar cuando se evidencia que ello oscurece.








