Ayer por la tarde, finalmente, tras un arduo trabajo
publicitario de varios meses, y luego de amagues de suspensión, se
llevó a cabo la protesta opositora denominada #13N.
El dato saliente indudable, es la escasísima convocatoria – difícilmente
hubiera un centenar de personas como puede observarse en el post de El Aguante Populista-, que se contrapone con los fabulosos intentos por instalar
la protesta en la agenda pública desde los medios opositores y las redes
sociales.
La escases, clave del fracaso cacerolo, debidamente indica
que cuanto menos, el humor social de cierto sector medio urbano que se concibe
opositor, no está para protestas en la calle.
Difícil es interpretar si ello se debe a un cambio en sus
perspectivas individuales o a un encuentro de representantes en la oposición que
se pretende institucional.
Lo cierto es que este nuevo fracaso, el tercero en el año,
sí pone de manifiesto que esa identificación cacerola de la antipolítica ya no
conmueve como para manifestar; ya no es lo que era.





